Vos audita perit; litera scripta manet.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Dos.

Fue aquel día. El último. Yo estaba allí, contigo, hacía calor. Teníamos tanto calor. Es una de las cosas que más recuerdo. También recuerdo la oscuridad. Una oscuridad con algunos destellos de luz provenientes de las persianas. Una película, una larga película, que revovinaste una, y otra vez. Besos, muchos besos locos, que al parecer, olvidaste. Los dos sabíamos que esto no llegaría a ninguna parte, sí, pero, vivimos el momento como si fuera el último, como si no hubiera mañana. Hubieramos dado la vida el uno por el otro, o, por lo menos, yo sí la hubiera hecho por tí. Cada segundo, cada sonria, cada lágrima, cada pelea, cada beso, cada caricia, fue única, y nunca se repetirán. Nunca. Siempre serás el único que haga que el simple gesto de sonreír haga que me sienta alguien. Alguien en la Tierra. Alguien que existe. Alguien... que te hace sonreír. Eso, es lo que me hace feliz. Verte sonreír. Ver que me miras. Oírte susurrar mi nombre, seguido de un 'te amo'. Sentir como tus manos me rodean la cintura, o un simple beso en la mejilla. Mirarnos hasta tres horas seguidas, y sonreír más todavía. Discutir, para después, reconciliarnos. Tener peleas tontas que me hagan ver quecada vez que estoy contigo, podría ser la última. Cada vez, que cogía tu camiseta, la olía, la sentía, me la ponía... Olía a tí. A tu olor corporal, tan peculiar, tan... tú. Pero, ya no hay 'eso'. Cada vez que veo tu foto, pienso, ¿qué? No me acuerdo de qué se siente al verte. No me acuerdo de nada. No me acuerdo de tus sonrisas falsas. No me acuerdo de tí, de tus pensamientos, de tu comportamiento soez. No me acuerdo de nada relacionado contigo. ¿Qué me pasa? ¿Por qué? No quería eso. No quería que ese sentimiento desapareciese. Era triste, pues se pasaba mal. Pero cada vez que me mirabas, te miraba, sí, pero nada más. Y eso, me inquietaba. Me preocupaba. Me hacía sentir mal. Cuando me pedías un beso, te decía que no, que no tenía ganas, te enfadabas, te besaba, y todo volvía a la normalidad. Pero, ¿es eso acaso, amor? No, para nada.Pero al fin, todo esto acabó. Ya no hay estupideces en mi vida, no hay malos ratos, sólo buenos, cosas que hacen que viva y duerma tranquila. Gracias por abrime los ojos. Te veré en el infierno junto con mi conciencia.

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